Toda la vida he escuchado decir que soy una princesa, que soy muy valiosa e importante, y que debo comportarme como tal. Sentarme derechita, no cruzar la pierna si no es adecuado, comer correctamente, no hablar sin que me pidan opinión, ser muy discreta, etc, etc, etc. Porque ese es el modo en que una princesa debe comportarse, y así esperar quieta que llegue la hora en que pueda participar de manera cordial, claro, con los demás.
Que llegará también la hora de ser feliz, la hora de abrir tu corazón a ese principe que llegará vestido de azul y sobre su caballo blanco, listo para tomar mi mano y besarla, siendo capaz con un solo gesto de hacerme sentir la princesa que todos dicen que soy. De hacerme ver el vestido radiante que llevo puesto y ver brillar más que nunca mis zapatillas de cristal. Ese hombre maravilloso que logra no sólo hacerme sentir princesa, sino la reina de su corazón, hacerme creer que pelearía mil batallas por mi, de vencer a gigantes y dragones con tal de conservar mi amor...
Cómo me gustaría que esos cuentos de hadas se hicieran realidad, que de verdad llegará ese principe, que sin que tenga que ser "azul", arribe sobre su corcel dispuesto a llevarme con él hasta el fin del mundo sin importar a las brujas malvadas que queden detrás o a esas feroces hermanastras que creyendose más bellas, también se creen con la autoridad de robarme el derecho hasta de soñar...
Pues bien, creo que no hay otro remedio que seguir aqui sentadita y muy seriesita dispuesta a seguir esperando, paciente, a mi principe maravilloso y claro, siempre con una bella sonrisa en el rostro, y un cálido saludo para cualquier persona, ya sabes lo que dicen: "Nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa". Eso claro sin importar si tienes cólico, o dormiste mal y te torciste el cuello, si no pudiste desayunar, te cortaste, perdiste algo o la crinolina del vestido te esta molestando, en fin...a segiur aquí con mi mejor cara...
Ya sólo me falta encender la luz, para que el principe no vaya a equivocarse de balcón...
