Hoy sólo puedo decir un franco y muy en alta voz: ¡Te extraño!
3.4.13
21.2.13
Sencilleces de la vida.
Tengo problemas, graves. Hay días que no dejo de pensarte, otros en cambio, que sólo por las noches me doy cuenta que no aturdiste mi mente con tu constante pasar, no se qué es lo que estoy sintiendo con certeza, será una especie de olvido planeado, deseado; algo que funciona sólo cuando han pasado demasiadas cosas malas, necesito saber que pasa. ¿Qué siento?¿Por qué lo estoy sientiendo?
Creo estar segura de quererte, de poder hacerlo por siempre; no de querer hacerlo, pero un poco destinada a vivir así. Algo complicado, demasiado diría yo. Confuso, iluso, difuso, mafufo. Lo más extraño algo que nunca había considerado, el olvidarte...
Eso sí que sería un cambio, de los radicales, de los que vienen casi tan extraña e inesperadamente que ni tiempo te dan de hacerlos concientes. Sé que te quiero, creo saberlo, quiero creerlo, o tal vez no quiero, probablemente sea sólo esa presión que mis ideas de definitividad me imponen.
Estas aquí, pero no se si me molestas, me agradas o simplemente no tienes otro lugar más menos importante que cubrir (o con qué llenarlo). Por no dejar de pensarte me dicen exigente, yo más bien diría, decidida y leal. Pero cuántas cosas haces pasar por mi mente, cuántas dudas creas en tan sólo segundos, lo hablamos muchas veces recuerdas, solías decir: ...nunca podrás sacarme de tu vida... Y yo con mi sonrisa de profunda y amorosa ingenuidad, esa que te dejaba ver sólo cada vez que emitías sonido, la que decías era de borrego moribundo, entonces, mi vida estaba llena de tu existencia, eran mis respiraciones por ti y para ti, siempre planeadas para darte gusto.
Un día viste tu vida, la mía, la nuestra; en mis ojos, doce horas después; ¡bang! La crisis te llevaba lejos de mi. Increíble, pero más cierto que el calor del sol al medio día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)